Lima, la capital de Perú, no ha sufrido un gran terremoto desde 1746, lo que la convierte en una zona propensa a terremotos de Mw 8,8 según estudios sismológicos. En este contexto, el monitoreo sísmico de la salud estructural presenta una oportunidad para evaluar rápidamente los edificios después de un gran terremoto y proteger a sus habitantes de aquellos edificios con alto riesgo de colapso debido a réplicas.